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19 Sep 2018
Alergia a antibióticos en niños

¿Es posible que mi hijo tenga alergia a los antibióticos?

Las alergias a los antibióticos suelen ser un motivo frecuente de consulta en pediatría.

Aproximadamente el 10% de todas las consultas pediátricas sobre alergia tienen como origen la sospecha de la alergia a los antibióticos. Sin embargo, según datos de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP), solo se confirma el diagnóstico de entre el 7% y el 8% de todas las consultas de alergia a los medicamentos en menores.

Durante la infancia, es común que las madres y padres acudan al pediatra con su hijo por una posible alergia a los medicamentos, especialmente a las penicilinas. Se trata de uno de los medicamentos más recetados en episodios de fiebre, la mayoría de origen viral, muy habituales en los niños pequeños. Las dudas de los padres al respecto se fundamentan en las erupciones o inflamaciones en la piel que surgen en múltiples ocasiones y que generan sospechas sobre si los antibióticos son los causantes. Así, un estudio publicado en la revista Allergy and Clinical Immunology, revela que los fármacos que más alergia causan en la población infantil son los antibióticos betalactámicos, especialmente la amoxicilina. Dicha investigación también aclara que, por el momento la prueba cutánea es la más concluyente para la comprobación de las reacciones denominadas inmediatas, pero no en las de aparición más tardía que son más frecuentes en la infancia.

Además de los antibióticos, el ibuprofeno o la aspirina también son motivo general de consulta sobre alergia. Todos son fármacos muy utilizados tanto para la fiebre, como para el dolor o la inflamación ante golpes o caídas, por ejemplo, problemas más que frecuentes durante la infancia.

Síntomas de la alergia a medicamentos

Para saber si un niño sufre alergia a un antibiótico es necesario que lo haya probado antes, es decir, que la alergia (en caso de sufrirla) se presenta a partir de la segunda vez que se toma el medicamento. Generalmente, estas reacciones se manifiestan de forma cutánea, con erupciones, eccemas, enrojecimiento, urticaria etc. Pero también es posible que se experimenten problemas respiratorios o digestivos, por ejemplo. Pueden aparecer de manera casi inmediata tras recibir el medicamento, en cuestión de pocos minutos. Otras veces tardan varias horas o días en aparecer mientras se sigue tomando el medicamento, y en algunos casos aparecen hasta varios días después de haber terminado el tratamiento.

Por ello es fundamental que los padres y los pediatras ante la sospecha de una reacción alérgica al fármaco, anoten los intervalos de tiempo desde la administración del medicamento a la aparición de los síntomas, y describan los síntomas y el aspecto de las lesiones, y si es posible las fotografíen. Las consultas de alergología pueden tener demora por la presión asistencial y con el tiempo lo olvidamos.

Es posible que el menor sufra también, con la toma de ciertos antibióticos, síntomas como diarreas o vómitos sin que signifique que se sufre una reacción alérgica. Estos fármacos pueden alterar la flora bacteriana y en ocasiones se superponen con los síntomas de la enfermedad a tratar. Es lo que se conoce como efectos secundarios que, en mayor o menor medida, lo pueden sufrir todas las personas.

Cómo actuar ante una reacción alérgica al antibiótico

Si se observa al poco tiempo de suministrar el medicamento alguno de los síntomas anteriores, se recomienda la suspensión del tratamiento, contactar con su pediatra y pedir cita para consultar con el pediatra alergólogo otras opciones además de comprobar si se trata de una alergia para incluirla en el historial clínico del menor.

Ante una reacción más grave, una anafilaxia, en la que el niño se ve seriamente afectado, acudir de forma inmediata a Urgencias para que le evalúen y le administren tratamiento de forma instantánea.

Según datos de SEICAP, el 93% de las sospechas a alergias infantiles a penicilinas no se confirman. Además, el tiempo que transcurre desde que el pequeño sufre una presunta reacción alérgica hasta que el caso se deriva al pediatra alergólogo, pasan alrededor de 26 meses y mientras se confirma o no el diagnóstico, se le trata con otro tipo de medicamentos que pueden resultar menos eficaces.

Desde SEICAP se recomienda acudir cuanto antes a un pediatra alergólogo para que los padres puedan aportar detalles más concretos y útiles a la historia clínica del niño y, en base a ello, el especialista designe qué tipo de estudio necesita el menor. De esta forma se evitan pruebas innecesarias y se agiliza todo el proceso.